Tu viejo teléfono móvil puede ser más valioso de lo que imaginas. Contiene pequeñas cantidades de litio, cobalto y tierras raras, materiales esenciales para la tecnología moderna. Se calcula que hay 700 millones de móviles antiguos guardados en cajones en Europa. Esta «hibernación electrónica», junto con el hecho de que cada familia tiene de media 13 aparatos sin usar, representa una mina de oro olvidada. La llamada «minería urbana» apuesta por extraer estos recursos de productos en desuso, una alternativa cada vez más necesaria frente a la minería tradicional. La basura electrónica no solo es un problema ambiental, sino también una oportunidad económica. A lo largo del continente, más de 2700 instalaciones especializadas procesan estos residuos, cuyo volumen crece a gran velocidad. Sin embargo, los retos son muchos: desde la complejidad de recuperar materiales diminutos hasta la falta de conciencia sobre el valor real de los dispositivos que acumulamos. La privacidad, la pereza o el apego emocional hacen que muchos objetos útiles no salgan de casa para entrar en el ciclo del reciclaje. Pero el reciclaje no termina en los aparatos electrónicos: los edificios también son una fuente clave de materiales valiosos. Nuevas tecnologías permiten transformar estructuras viejas en recursos de alta calidad como hormigón, acero o vidrio reciclado. Además, el diseño modular y la reutilización de componentes como ventanas o ladrillos están ganando terreno. Renovar, en lugar de demoler, es una estrategia más respetuosa con el medioambiente y puede reducir considerablemente las emisiones ligadas a la construcción.
