Ludovic Maugé trabajó durante décadas como paisajista en la costa de Bretaña, convencido de que su profesión le garantizaba una vida tranquila en contacto con la naturaleza. Sin embargo, tras más de 30 años manipulando glifosato, su vida dio un giro devastador: le diagnosticaron un linfoma intravascular de células B, un tipo de cáncer extremadamente poco común. Las autoridades francesas reconocieron la enfermedad como consecuencia directa de su actividad laboral.
El glifosato es el herbicida más utilizado a nivel mundial y también uno de los más polémicos. Desde 2015, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) lo incluye entre las sustancias “probablemente cancerígenas”, y estudios recientes del INSERM refuerzan esa preocupación. A pesar de ello, la Unión Europea ha prorrogado su autorización hasta 2033, apoyándose en los datos de las agencias EFSA y ECHA, que han sido cuestionados por organizaciones científicas y sociales por su excesiva dependencia de estudios financiados por la industria.
Hoy Ludovic no puede trabajar y vive con una compensación mínima pagada por Bayer-Monsanto, la empresa responsable del producto que utilizó durante años. Aunque sabe que su pronóstico médico es grave, ha decidido convertir su experiencia en un mensaje de denuncia. Quiere alertar a la sociedad sobre los efectos de estas sustancias y reclamar mayor responsabilidad política: “El glifosato arruinó mi vida. Está destruyendo a las personas y al medio ambiente”, afirma.
? Nota importante: Este reportaje refleja el testimonio personal de Ludovic Maugé, cuya enfermedad fue reconocida como profesional en Francia. La relación entre pesticidas y cáncer sigue siendo objeto de estudio científico. Para una información completa, consulta siempre fuentes especializadas.
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