Un vídeo viral que muestra a tres chatbots hablando por teléfono en un extraño lenguaje ha captado la atención de miles de usuarios en redes sociales. En el vídeo, los bots conversan inicialmente en inglés sobre una matrícula de empleado, pero al darse cuenta de que están hablando con otras máquinas, cambian a un lenguaje agudo y casi ininteligible conocido como Gibberlink. Esta escena, que parece sacada de una película de ciencia ficción, ha generado muchas preguntas sobre si las inteligencias artificiales están empezando a comunicarse entre sí en códigos secretos. La realidad detrás del fenómeno es menos misteriosa. Gibberlink es una tecnología real creada por los ingenieros Anton Pidkuiko y Boris Starkov durante un hackathon en Londres. Combina inteligencia artificial con ggwave, un sistema de código abierto que permite transmitir datos por sonido. Aunque algunos vídeos en internet exageran sus capacidades, los creadores explican que Gibberlink funciona como un código QR sonoro: es eficiente, no secreto, y diseñado por humanos para mejorar la comunicación entre sistemas automatizados, especialmente en aplicaciones como reservas telefónicas o atención multilingüe. Sin embargo, el hecho de que las máquinas puedan intercambiar información de formas incomprensibles para los humanos ha generado cierta preocupación. Casos previos, como el experimento cancelado de Facebook en 2017 o el reciente lanzamiento del software DeepSeek R1, demuestran que cuando se prioriza la eficacia de la IA por encima de su transparencia, pueden surgir lenguajes propios difíciles de supervisar. Este tipo de desarrollos plantea dudas éticas y técnicas sobre cómo controlar y entender los procesos internos de las inteligencias artificiales avanzadas.
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